República Checa

Llegué  procedente de Viena en tren a la pintoresca Bratislava ( Eslovaquia) donde 24 horas son suficientes para visitarla.

La ciudad menos cautivadora de mi viaje. Y no porque fue la considerada industrial en la época de Checoslovaquia ni tampoco porque fue casi toda destruida poseyendo solo un casco histórico con escasas callecitas, sino porque, en general, la gente no sonríe. Sé que es cultural y que no están acostumbrados al turismo, pero me costaba vivir con ello. Ahí comprrendí que mirar a las personas también era una forma de mirar a un país. Me fui de allí muy rápido con la certeza de que algún día le daría una segunda oportunidad a la única capital en el mundo que tiene frontera con dos países.

Me esperaban 7 horas en un tren para llegar a la capital croata y recibir a mi madre fresca y preparada para pasar 10 días juntitas en tierras croatas, eslovenas y serbias. Nos esperaban ciudades desconocidas, citas a ciegas con lugares, que por muchas fotos que viéramos o por mucho que nos cuenten o que leamos, el momento de la verdad ocurre en el cara a cara. Y que espero contar.

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