Península Valdés (Argentina), tierra de ballenas

Día 88 de la vuelta al mundo. Puerto Madryn, 24 de septiembre de 2017.

Si leer es un viaje, ¡sigamos leyendo! Me despedí de la gran metrópolis de Buenos Aires desde el avión. Mirando por la ventana del avión y por la ventana de los recuerdos, intentando asimilar aquel mes y medio acompañada de tantos seres queridos a los que lograré ver en mi vida unas pocas veces. Y sobre todo, acompañada por unos días de mi padre y hermana Candela, con los que viví cosas que las palabras no pueden definir.

Todavía sigo dándole vueltas a la cabeza al porqué de que un país tan rico como Argentina tenga que sufrir tanta inestabilidad económica y tanta inseguridad. Si bien es cierto que la capital está muy poblada y es donde se concentra la mayor parte de la «supuesta criminalidad» (que he oído pero nunca presenciado) no entiendo cómo los políticos y jueces no logran acabar con esta lacra que ensucia a este maravilloso país.

Cuando se habla de Argentina es inevitable pensar en España, la madre patria. Al final muchos de los países de Sudamérica fueron españoles, protagonistas de los virreinatos de los que me referiré algún día y de parte de la masacre de los pueblos indígenas. Pero me adelanto, parafraseando a un escritor uruguayo que decía «Perdimos, otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos».

La Patagonia me ha enseñado los lugares más bellos que jamás había visto, pero también la obligación del éxodo de muchas familias a un lugar más seguro, dejando atrás a otros familiares y amigos. Y siempre por culpa de lo mismo, la inseguridad.

Hay ciudades famosas que quizá jamás volverás porque «ya lo has visto»; «ya lo has hecho». Y eso me pasó en mi siguiente destino, al viajar a Puerto Madryn para conocer las famosas ballenas australes. Un punto geográfico estratégico al comunicarse mediante un istmo con la conocida Península Valdés, atractiva por una fauna formada por ballenas, pingüinos, lobos y elefantes marinos y si eres afortunado ¡las orcas! El mayor depredador, muy difícil de avistar. Sería increíble verlas acercarse a la orilla donde sacan su cuerpo para atrapar a alguna presa en forma de cría de león o elefante marino.

Si tendría que recomendar a un viajero su visita a esta región les diría que se alquilaran un coche para recorrerla (y que viajen entre mayo y diciembre para poder ver las ballenas). Las excursiones son caras, como el país en la actualidad (la inflación es otro mal del país).

Mi recorrido entre guayacos, aves de todos los colores y una dominante estepa patagónica duró unas 8 horas. Resultaron todas fascinantes, pero la hora y media que viví en el barco escuchando esos soplidos y el fuerte ruido de su cuerpo golpeando el mar fue un espectáculo mágico. No sé si el guía se lo dice a todos los turistas que se vuelven locos sacando fotos, pero comentó que estábamos viendo un fenómeno, algo insólito que era el apareamiento de las ballenas. En él intervienen una hembra y hasta media docena de machos, donde ella, por una cuestión de miedo, se rehúsa a ser copulada, colocándose con el vientre hacia arriba. Y así vimos a la imponente hembra.

El privilegio de un día al conocer un Patrimonio de la Humanidad donde está prohibida la caza y se favorece la protección de todas las especies que habitan, cobró un sentido curioso al saber que antiguamente la presencia de estos cetáceos resultaban un incordio para los habitantes del Puerto Pirámides, el lugar de donde salen las embarcaciones, llegando a lanzarles piedras para ahuyentarlas debido a que frotaban su cuerpo de 40 toneladas contra las columnas del embarcadero y rompían los hilos de pesca y las cañas. ¡Ahora son millonarios y todo el pueblo vive del turismo!

Espero que se sigan avistando y que se continúe con la prohibición mundial de su caza, dejando de lado el aprovechamiento de su grasa para el aceite que hace la margarina o la iluminación o valiosa para las suelas del zapato. Sin olvidarnos del esperma para los cosméticos, el ámbar gris como fijador de perfume y la carne que supone un 1,7 % de la que se come en Japón.

Mis días en esta región de Argentina terminaron visitando una colonia galesa que llegó a estas tierras allá por el 1865 tras una serie de promesas que al final no se cumplieron. No obstante, muchos se quedaron formando Gaiman, famoso por las costumbres y tradiciones galesas como la torta negra y la casas de té, una de ellas muy famosa por la visita de Lady Di en el año 1995, una teteria que sentía que no me podía perder.

¡Adiós bonitas ballenas con forma de piedras! Es hora de visitar el fin del mundo, Ushuaia.

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