Mis viajes en Suiza

Ginebra – Zurich (Agosto 2015)

Así que volví al Hostel donde comparto habitación con una australiana, una coreana y dos alemanas y me fui a bailar reggae con Gilberto y Reina a las fiestas de la ciudad. De camino viví un momento espectacular cuando de repente oí unas voces cantar a lo lejos y caminé hacia ellas. Dos chicos y dos chicas de la ciudad de Cracovia (Polonia) habían decidido hacer un coro callejero durante una semana y nos regalaron temazos desde Yesterday al Ave María y el Alelluya. Un momento perfecto le denominaría mi madre.

Durante mi vida en China leí uno de esos libros que te suponen un antes y un después en tu vida. Se llamaba Telón de Sombras, de Camilo José Cela Conde, y sucedía todo en Ginebra. No recuerdo cómo la describía pero sí que hablaba de ella de forma apasionada. Bonito nombre para los amantes del GIN. Os invito a investigar si existe alguna vinculación…

Geneve respira tolerancia, calma y solidaridad. Es sede de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, de la OIT, OMS, Comité Internacional Cruz Roja, entre muchas otras. Personajes como Lenin, que huyó de la policía, pasando de Finlandia a Ginebra, donde comenzó su segundo exilio, que habría de prolongarse hasta 1917. El filósofo Rousseau nació aquí, Henri Dunant también nacido aquí creó la Cruz Roja, o Jorge Borges decidió morir aquí y … ¡la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin tiene una preciosa casa aquí! Todos tenemos una pequeña parte de esa propiedad.

Es curioso como en cada ciudad del mundo todos presumimos de tener lo MÁS y MEJOR del mundo. En este caso Ginebra dice tener el banco más largo del mundo y el segundo reloj natural más grande del mundo. Imaginaos una foto de Reina, Gilberto y mía en todos estos lugares… porque he perdido el móvil número veintialgo de mi vida en el tren que me llevaría a Zurich ☹.

Mi viaje sin pausa pero sin prisas me hizo llegar a Zurich tras 3 horas en tren. En la ciudad más cara del mundo poco tiempo me iba a quedar ya que a la una de la mañana empezaría un periplo  de cinco trenes para llegar a Munich. La estación central te deja en pleno centro, ideal para caminar durante 4 horas. Es romántica, delicada y muy acogedora. Caminar por ella era similar a estar dentro de una casita de muñecas.

En fin… ahora me toca un viaje de 10 horas y 4 trenes hasta llegar a Munich y visitar a mi gran amigo Alex Patino. Necesito comprobar que hace eso llamado “trabajar” 😉

¡Hasta pronto Suiza! Volveré cuando tenga unos cuantos ceros en mi cuenta bancaria…

BERNA – GRINDENWALD (Interlaken) – MAINFELD (la tierra de Heidi) – Agosto 2016

Así que decidí ir a conocer a Pedro el cabrero, Clara y el abuelito en la ciudad de Maienfeld (Dörfli en el libro).

La capital suiza de este pequeño gran país simbolizada por un bonito oso presume ser una de las ciudades del mundo con más calidad de vida. No obstante, peligras ser atropellado en sus calles adoquinadas por coches eléctricos cuyo paso es apenas perceptible. La banda sonora es el sonido de los pájaros y del agua que fluye por el río que la envuelve, con interrupciones de la presencia de algún turista español, cuya melodía se detecta a grandes distancias.

Caminar por Berna conlleva un viaje a la Edad Media con esas grandes banderas, numerosas fuentes ornamentadas y una cuidada arquitectura medieval. Los atractivos de la ciudad son muchos en muy pocos metros cuadrados. El menos agradable el cautiverio del símbolo de la ciudad en unas dimensiones no aptas para esos preciosos animales. A pesar de no haber vivido mucho tiempo en la capital, se aprovechan del padre de la bomba atómica, nacionalizado como suizo y haciendo de su casa un museo donde vivió dos años durante la creación de la teoría de la relatividad.

Caminar por Berna conlleva un viaje a la Edad Media con esas grandes banderas, numerosas fuentes ornamentadas y una cuidada arquitectura medieval

Después de unos buenos consejos y 60 kilómetros en tren con un paisaje difícilmente descriptible descendimos a la región de Interlaken, un lugar que todo el mundo debiera conocer. La ciudad de Interlaken en sí no vale la pena porque está explotadísima por el turismo y creedme que solo veo asiáticos por aquí, la mayoría chinos, sin faltarles la última tecnología y las mejores cámaras fotográficas, aunque sí la educación pues te empujan, te pisan con tal de pensar en ellos mismos. En China me gustaban, en el resto del mundo… no tanto.

Grindenwald. Una especie de valle, como los de los País Vasco pero multiplicado por 10 y situada en las faldas de la montaña Eiger, en la región del Jungfrau.

Alejándome de lo turístico, a media hora en un tren que se adentra en las montañas conocí el paraíso, esta vez con otro nombre: Grindenwald. Una especie de valle, como los de los País Vasco pero multiplicado por 10 y situada en las faldas de la montaña Eiger, en la región del Jungfrau.

Allí disfruté del aire puro y rutas de montaña, una de ellas un tanto accidentada pues caminé durante 4 horas hasta llegar a una cima y mi plan de descender en autobús se vio frustrado al encontrarme tomando algo en el bar de la cima y preguntando la hora del último autobús. Se limitaron a señalarme uno que ya estaba bajando hacia el pueblo. Eran las 6 de la tarde y mi cabeza imaginó todo tipo de finales no deseados así que corrí como si no hubiera un mañana, fui seguida por vacas que me dieron un poco de miedito pero tras dos horas llegué sana y salva y puntual para una fiesta en el pueblo que se celebra un miércoles de cada mes. ¡Era miércoles! Todavía recuerdo el placer que sentí cenando esa noche, un frankfurt con raclette y un delicioso pastel de fresas muy merecido. Todavía me duele alguna parte del cuerpo.

Como no podía ser menos, en esta región también encontramos “lo más” y lo “mejor”. En este caso nos referimos al tren más alto de Europa pudiendo disfrutar de enormes vistas sobre el valle de Lauterbrunen y los colosos Eiger, Monch y Jungfrau por el módico precio de 130 €. Me despedí de Grindenwald con el sonido de los pájaros que triplica el de las voces humanas sabiendo que algún día volvería.

Después de 225 kilómetros de un paisaje cargado de montañas fascinantes, enormes lagos, prados y picos cubiertos de bosques fui en busca de la entrañable y alegre Heidi. Llegué aquí de forma espontánea pues mis deseos de llegar a Salzburgo no pudieron cumplirse al no haber alojamiento. Es el Festival de Salzburgo, un evento al que acude gente de todas las partes del mundo. Así que decidí ir a conocer a Pedro el cabrero, Clara y el abuelito en la ciudad de Maienfeld (Dörfli en el libro).

Si bien recuerdo de pequeña disfrutar con los episodios del abuelito y Clara desconocía la historia real y la procedencia de la misma, el libro de Johanna Spyri escrito en el año 1880. En Francia me acompañó una novela de amor francesa, en Suiza leí a Heidi para refrescar la historia que tan olvidada tenía y en Austria un libro de Mozart. A diferencia de lo que veía de pequeña, en Maienfeld el cielo no es siempre azul. El día que corrí por los prados y grité ¡Pedro! ¡Abuelito! llovía y era gris. Tampoco ese día ardieron las montañas. De todos modos, disfruté imaginándome a tía Dete llevándose a Heidi a Frankfurt y reviviendo el canto de Abuelito dime tu, Dime ¿por qué hasta aquí subí?; Dime ¿por qué yo soy tan feliz? Abuelito, nunca yo de ti me alejaré.

Cabe decir que la casita me decepcionó porque no se ajusta de forma exacta a lo que leí en el libro, ni la cama de paja estaba en el sitio que debería, ni la ventana desde donde miraba Heidi era redonda. Quiero creer que es cosa de la escritora y no del negocio que atrae a miles de japoneses a esta ciudad para ver en carne y hueso el lugar de su serie de anime japonesa previo pago de unos 15 Euros. Me despedí de Blanquita y Diana y tras otro intento fallido de encontrar a Pedro me marché rumbo a Austria.

Me pregunto porqué un país tan pequeño tiene tanta riqueza. Quizá por su condición de paraíso fiscal y la presencia de tantos bancos o que al ser tan pequeño la gestión sea menos dificultosa. No lo sé. Los precios son incluso caros para ellos, donde el salario de un trabajo no cualificado es de 4.000 Euros. A pesar de los elevadísimos precios es muy difícil marcharse de ese país donde los paisajes te provocan abrir y cerrar los ojos para comprobar que es cierto aquellos que estás mirando. Un lugar perfecto para llevarse una bici, una tienda y un fogón y perderse con Heidi y Pedro entre bosques infinitos y grandes alfombras verdes.

Abandoné Suiza para llegar a la capital de la música clásica y de la sal como dice su nombre. Un gran capricho de la naturaleza. Un museo al aire libre. La ciudad de Sonrisas y Lágrimas, la ciudad del genio Mozart, el lugar donde se fabrica el Red Bull…

Ginebra – Laussane- Ginebra (Agosto 2015)

LAUSSANE: la Capital Olímpica, sede del Comité Olímpico Internacional (Organismo encargado de supervisar y administrar todo lo concerniente a los Juegos Olímpicos y encargado de seleccionar las ciudades que serán sede cada cuatros años).

Un autobús de línea fue lo más rápido que encontré para cambiar de país y llegar a la famosa Ginebra. El tren tardaba 4 horas para un trayecto de 40 km. por lo que después de una hora y media en un abarrotado bus y un trayecto mitad verde por el paisaje bucólico y mitad negro por mi sueño profundo llegaba a la elegante y lujosa Ginebra.

Ya era de noche y las fiestas mayores me recibieron para pasear entre sus gentes y apreciar la cantidad de turistas de países del Golfo pérsico o de Arabia Saudí que visitan este país durante sus vacaciones. Al cabo de unas horas me di cuenta del porqué: Ginebra es la segunda ciudad más cara del mundo y la “rue du Rhone” los espera con los brazos abiertos entre Bancos Suizos y tiendas de Rolex, Louis Vuitton, Hermes…

No me hospedo en el Hotel donde se alojó Sissi Emperatriz e imperan los Ferraris y Porsches, pero sí en un Hostel que está justo al ladito, en el borde del lago Lemán (mayor lago de Europa Occidental) y con vistas al Mont Blanc. Es caro para lo que es (40€), pero barato para ser Ginebra, donde un salario medio (sin estudios superiores) asciende a  4.000 euros. El menú del día 40 Euros, subirte a una atracción de feria 10 Euros, un café con leche 6 Euros, una ensalada 20 Euros…  No recordaba que aquí no había Euros, aunque tampoco he tenido que cambiar porque los aceptan. El franco suizo está muy alto y lo equiparan a un Euro, he aquí la razón por la cual es junto con Zurich las ciudades más caras del mundo en la actualidad.

Antes de salir a visitar Ginebra en profundidad y tras la recomendación de muchas personas que he conocido en el camino, cogí un tren a 30 minutos que me llevaría a LAUSSANE: la Capital Olímpica, sede del Comité Olímpico Internacional (Organismo encargado de supervisar y administrar todo lo concerniente a los Juegos Olímpicos y encargado de seleccionar las ciudades que serán sede cada cuatros años).

Allí se puede visitar el Museo Olímpico donde se encuentran todas las antorchas olímpicas, los trajes de las inauguraciones y numerosas referencias a todos los deportes olímpicos. Fue inevitable pensar en nuestras Leonas (selección española femenina de rugby) y desear fuertemente que algún día ellas estén en ese museo. Dentro de 365 días la llama se volverá a encender para Rio 2016. Espero estar en Brasil para animar a nuestras leonas. Mi amigo Gilberto (así se llama mi pelota), Reina y yo intentamos hablar con alguno miembros del COI para que hagan el rugby XV también olímpico, pero no hubo suerte.

Me perdí horas y horas observando sus majestuosas construcciones entre sus calles empinadas y pronunciadas bajadas y al volver a Ginebra sentía que debía quedarme un día más, así que… CONTINUARÁ.

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