Mis viajes en Rumanía

Brasov – Sinaia – Bucarest (agosto 2015)

Escribo estas palabras en tiempo real. Bucarest, 23 de agosto. Ayer llegué a la capital rumana en la región de Valaquia tras 6 días recorriendo la Rumanía profunda, la región de Transilvania: rural, montañosa, verde, sencilla, y en ocasiones, espectacular. Necesitaba alejarme de la ciudad y asimilar toda la historia viva que estaba aprendiendo.

Tras tres días en la preciosa Budapest donde disfruté de sus famosos balnearios, salí de fiesta por los singulares ruin pub y me perdí por las calles del lado Buda y lado Pest sentí que era el momento de cambiar de paisaje.

Demasiado cemento, museos, edificios emblemáticos e iglesias en mi retina. Demasiada historia que procesar. De casualidad, encontré un pequeño paraíso en la montaña más alta de este país donde me acogió un hospitalario matrimonio rumano que me hicieron sentir como en casa.

Para llegar hasta ese pequeño paraíso llamado Balea Lac, circulé por la supuesta carretera más bella del mundo, la Transfagarasan road. Caminé entre nubes y deleité los típicos manjares rumanos. Visité la pequeña ciudad de Sibiu, la muy recomendable ciudad de Brasov, el castillo de Peles en Sinaia y el falso castillo de Drácula en la ciudad de Bran que como ya me habían advertido, no merecía la pena. Pero me dejé engañar por el marketing.

Una publicidad engañosa debido a la creación del personaje llamado Drácula y creado por el irlandés Bram Stoker inspirándose, en parte, en un príncipe de Valaquia llamado Vlad el Empalador. Empalador porque utilizaba un método de tortura donde la víctima es atravesada por una estaca cuya penetración se realizaba por la boca, la vagina, los costados, o el recto. Después, durante sus comidas, mojaba el pan en la sangre de sus víctimas. Hoy es considerado un héroe nacional en Rumanía por luchar contra la expansión otomana.

La capital, en cambio, desprende comunismo de sus edificios. Está desgastada, de color grisáceo. Suerte que los rumanos la iluminan con su simpatía y alegría. Ellos quieren a todo el mundo, pero en España los solemos discriminar por su mala fama metiendo injustamente a todos en el mismo saco. En Castelldefels hay muchos ejemplos de rumanos con historias fascinantes que vienen hasta aquí en busca de una vida mejor. A veces hay que salir de nuestras fronteras para poder apreciar esa multiculturalidad y ser más tolerantes.

El color comunista de sus calles y el humo que desprenden todos los bares y trenes donde se permite fumar se complementa con la fiesta de noche, uno de los mejores tesoros de la capital rumana. Sólo hace falta caminar por el barrio antiguo y hacer la ruta del bacalao entre bar y bar, a escasos metros del Parlamento, el segundo edifico más grande del mundo, después de El Pentágono estadounidense.

Mi viaje ha llegado hasta aquí, a pesar de mi idea inicial poco realista de llegar a Estambul y conocer otros tantos países que había planificado. Ha sido corto, pero intenso. No siento pena de su fin, sino alegría de haberlo vivido y conocido, y sobre todo compartido.  Ha sido un viaje muy tranquilo para mi nivel de intensidad y la marcha quinta de mi vida diaria. Aunque siento que ya es hora de cambiar de marcha. En tercera, tal vez 😉 ¡Ya os lo contaré!

Por cierto, la Reina se ha portado muy bien, durmiendo casi todo el tiempo. Gilberto regulín. Un día desapareció, alguien lo secuestró. Se va con cualquiera…También se portaba mal cuando votaba por la calle y no volvía a mí y sobre todo, cuando se caía a las vía del tren tras lanzarlo a la pared.

Gracias por acompañarme en este viaje en solitario. En ningún momento me he sentido sola.

¡Ha sido un placer viajar con todos vosotros!

(Fin de mi interrail 2015)

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