Mis viajes en Francia

LYON (Agosto 2016)

Francia: Lyon, capital de la Galia durante el Imperio Romano y ciudad de la seda

Mi falta de previsión me hizo viajar en un tren de primera clase rumbo a la tercera ciudad más poblada de Francia: Lyon, capital de la Galia durante el Imperio Romano y ciudad de la seda, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad. El caminar por sus calles y el subir y bajar constantemente escaleras te demuestran el porqué de ello. Es curioso como en una dimensión tan pequeña, haya tanta riqueza urbanística predominada por sus colinas, la confluencia de los ríos Saona y Ródano y sus grandes plazas peatonales, una de ellas considerada la más grande de Europa.

3 coreanos con el síndrome de conocer muchos países en apenas 8 días me recibieron en el tren con un inglés que me recordó lo oxidado que lo tengo. Aunque sea raro en mí, tenía pocas ganas de hablar. Mis cuerdas vocales están resentidas y mi cuerpo agotado. La banda sonora de la serie “Cites” me ayudó a alejarme de los tres asiáticos que me interrogaban sin cesar.

Las 5 alarmas de mi móvil sonaron para despertarme y avisarme que estábamos llegando a Lyon. Como de costumbre, siempre elijo llegar a pie a mi alojamiento, aunque muchas veces me arrepienta a medio camino. 40 minutos con más de 15 kilos a mi espalda me hacen replantearme mi costumbre.

Dormía en un bonito hostel situado en el corazón la Croix-Rousse («la colina que trabaja»), donde los traboules son los protagonistas de sus calles. Empecé mi visita a la ciudad perdida por ese laberinto de pasadizos cuasi secretos que unían las casas para abreviar el camino al río o según datos de un lionés para mantener alejados de miradas indiscretas a paseantes. Aquí fue donde en el siglo XV se instalaron los primeros talleres que elaboraban seda. Aquí fue donde experimenté miedo en la oscuridad de los pasadizos e incertidumbre en saber si había o no una salida. Aquí es donde empezó a gestarse la riqueza y la belleza de la ciudad.

Con independencia de los que se puede ver en las ciudades físicamente, hay historias por las cuales también se “vende” Lyon. El lugar para descubrirlo son las tiendas de souvenirs a las cuales entro siempre en busca de un imán para mi querida madre. Me sorprendió está vez los Guiñol, títere de guante nacido en Lyon a comienzos del siglo XIX. Y yo que pensaba que eran catalanes… Y el lugar de nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry, el hijo más célebre de esta ciudad, en la que seguramente encontró en sus calles la inspiración para la creación de la rosa, el baobad o el zorro.

Una vez recorrida toda la ciudad, realizando la visita obligatoria a lo alto de la colina en funicular, habiendo paseado por el zoo, el jardín botánico de la Tete d’or, y cruzarme a una familia española que no podía entender cómo viajaba sola, decidí que el siguiente destino sería Berna, cautivadora ciudad que nos recibió con fuegos artificiales y petardos en todas sus calles llenas de relojes y fuentes en motivo de la celebración de la fiesta nacional, fecha de su creación como Estado el 1 de agosto de 1291.

Perpignan – Avignon – Annecy. (Agosto 2015)

Escribo estas primeras palabras de mi aventura bajo un árbol situado en frente de un precioso lago en la bella Annecy (Francia) y la bonita “Somewhere over the rainbow” en mis oídos. Es la llamada Venecia de los Alpes. Una ciudad con mucho encanto y un espíritu medieval que te transporta a un cuento de hadas con tejados simétricos, balcones con flores y más flores. Falta el príncipe.

Hace poco más de 24 horas que ha empezado un interrail lleno de destinos pero sin ningún ritmo. Mis pasitos son de 10 centímetros y las prisas no existen. Algo que me cuesta entender. Me acompañan en este relajante viaje una pesadísima mochila, mi querida Reina representada en peluche, un kit de mate y mi tesoro más preciado: un balón de rugby.

En unos minutos embarcaré en un pequeño barco que me llevará a recorrer el lago de Annecy desde donde se pueden apreciar los picos más altos de los Alpes: Montbanc , le Tournalette … A su alrededor abundan las playas artificiales y castillos medievales y si miramos hacia arriba decenas de parapentes de múltiples colores inundan el cielo azul.

El Lago de Annecy es famoso por ser uno de los lagos más limpios del mundo y es el segundo lago más grande de Francia tras el Lago Bourget.

¡Zarpamos! Nos vemos en Ginebra 😉

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