Mis viajes en Alemania

MUNICH – AUGSBURG

Escribo desde el KM. 0 de la capital de Baviera: la plaza Merienplatz de Munich, la ciudad de las iglesias, la más católica de todas las ciudades alemanas. He llegado sin dormir, sin móvil y sin fotos… Todas fotos mentales. Me hubiera encantado materializar el amanecer y los impactantes paisajes que he visto al cruzar hasta Alemania pasando por Austria. Lagos, montañas y pueblitos de película que a pesar de mi sueño no podía perdérmelos.
Las esperas entre trenes resultarían un tanto pesadas si no hubiera conocido a un nigeriano con el que hemos pasado horas jugando con el balón y si no dispusiera de un disco duro con partidos de rugby cortesía de la Hora Ovalada. Hoy ha sido el turno de una Santboiana contra Hermi Salvador.


Munich que significa “monje” en memoria de sus fundadores, es la tercera capital más grande de Alemania y donde se creó el nacional socialismo de la mano de un estudiante austríaco que tras dos intentos fallidos para ingresar en la Universidad de Bellas Artes decidió afiliarse al Partido Obrero Socialista. Un orador excepcional que fue condenado a prisión tras un fallido golpe de Estado el 8 y 9 de noviembre de 1923 en la famosa cervecería de esta ciudad: la “Bürgerbräukeller”. Adolf Hitler se llamaba. Fue arrestado y cumplió sólo nueve meses de los cinco años a los que había sido condenado en cuyo periodo escribió su famoso libro “Mi lucha”. Ojalá hubiera podido estudiar Bellas Artes y haber dejado de hacer otras cosas.
Las calles de Munich te estremecen al transportarte de forma inevitable al Holocausto y a pesar de los numerosos tributos a todos los caídos en el régimen de la dictadura, resulta imposible no imaginarte los disparos, secuestros y devastaciones producidas en esas calles. Al margen de la historia, hoy en día es una ciudad pintoresca, tranquila y muy segura. Dicen que es la ciudad alemana con más calidad de vida. He caminado sin interrupción durante 6 horas y la he observado desde la torre más alta tras 306 escalones. Desde las alturas se aprecian iglesias y relojes de las iglesias allí donde mires. BMW y Siemens AG tienen aquí su sede principal.
Ya al atardecer cogí otro trencito que me llevó a la ciudad de Augsburg, a 60 km. aproximadamente, una de las ciudades más antiguas de Alemania y fábrica de algunas firmas como motores diésel MAN, Siemens, DaimlerChrysler, o una gran productora de papel.

Con mi amigo Alex Patino

Allí tendría que seguir las instrucciones para llegar a la residencia donde vive el Patino, aunque a él no lo encontraría puesto que prefiere al futbol antes que a mí, pero sí encontraría con un grupo de españoles que con el mismo programa de formación y mucha ilusión empezaron una nueva vida en Alemania. Salí a descubrir ese rio que había visto a través de fotos en la que salía el Patino con su cervecita. Es una ciudad amplía y muy residencial. Tiene calles cucas en el centro y verde allí donde mires, como todo lugar en este país. Hay lagos que no pude conocer pero sí comprobar que ese río le hace ganar muchos puntos a esa ciudad y más con este calor también inesperado en esta parte de Europa.
Después de su entreno de fútbol en su nuevo equipo, pude disfrutar de una cena en su acogedora cocina donde conocí a algunos de sus compañeros de planta y le escuché hablando un defendible alemán. Al día siguiente tras su jornada laboral de 8 horas me hizo una pequeña ruta turística y pude comprobar que sí trabaja y que además ¡madruga mucho! Pero la siesta no se la quita nadie… ¡o casi nadie! La ruta acabó en la estación de Augsburg despidiéndonos con el líquido dorado entre manos que para estos bávaros es como agua. Así que tras un último ¡PROST! (chin chin) el tren empezó su camino de seis horas rumbo a la capital alemana.

Berlín (Agosto 2015)

Las expectativas sobre alguien o algo nunca son buenas. Pisé Berlín de noche sintiendo que esa ciudad me iba a cautivar, y aunque no es una ciudad que atraiga físicamente a primera vista, es una ciudad que lleva la belleza por dentro. Es calificada como ”pobre pero sexy” y la verdad es que me costó entenderla aunque tras cinco días en ella acabé seducida por su encanto en forma de desorden arquitectónico, carriles bicis respetados por los coches, barrios llenos de vida, olor a libertad pero sobre todo… por su historia.


Lo primero que vi fue la exuberante Alexander Platz, que tiene la torre de televisión más alta de la Unión Europa. Lo segundo fue un taxi que me llevaría a un pisito cerca del barrio judío donde me esperaba mi amigo Luis al que conocí en China, culpable de hacerme descubrir la preciosa tacita de plata en el Sur de España. Y también culpable de enseñarme Berlín, pues se había estudiado con detalle los barrios que visitar, los monumentos que descubrir y los secretos de la ciudad. ¡Y dos veces se tragó Españoles por el mundo en Berlín!


Él viajó desde la ciudad más antigua de Occidente a la probablemente ciudad más nueva de Europa. Podríamos decir que la vida de Berlín empezó hace apenas 25 años tras la caída de ese muro, maldito para algunos pero muy deseado para otros.
Para aquellos que no lo sepan, el muro fue creado para impedir el éxodo de los habitantes de Berlín del Este al Oeste con el fin de obtener unas mejores condiciones de vida. La capital fue dividida entre los ganadores de la II Guerra Mundial y por ello los soviéticos decidieron construir a las 4 de la mañana de un 13 de agosto de 1961 un muro que empezó siendo un alambre de púas y fue sustituido en los días siguientes por paneles de hormigón de 3,6 metros de altura y una longitud de 45 km en la que concierne a la ciudad de Berlín.


Por lo menos, 136 personas murieron al intentar saltar ese muro. 98 fueron abatidos a tiros o se suicidaron; 30 personas tanto del Este como del Oeste fueron tiroteadas o murieron de otra forma a pesar de que no tenían la intención de huir; 8 soldados fronterizos de la RDA fueron abatidos por desertores, camaradas, fugitivos. Murieron por lo menos 251 viajantes procedentes del Este al llevarse a cabo los controles en los pasos fronterizos de Berlín. Incontables son las personas que murieron de tristeza y desesperación por los efectos que tuvo para su vida la construcción del Muro.


25 días antes de mi nacimiento se produjo el hecho que cambió la historia para siempre. Se cumplió el sueño de la libertad. Un milagroso error en una rueda de prensa internacional por parte de Günter Schabowski hizo que se abriera el muro de forma inminente. Me hubiera encantado estar encima de ese muro y ver lo reencuentros entre parejas, amigos y familiares tras 28 años de separación.


El símbolo de la ciudad es la puerta de Branderburgo que durante la existencia del muro se encontraba en la llamada franja de la muerte (zona situada entre los muros exteriores). A unos metros de esa puerta se encontraba el Führerbunker de Hitler el cual tras tener conocimiento de que las fuerzas armadas debían liberar a Berlín al rendirse ante los soviéticos, ordenó llamar a un funcionario judicial para que oficializase su boda con Eva Braun, tras lo cual se suicidó junto a su ya mujer. Hoy no queda ni rastro de ese bunker, ni placa conmemorativa ni ramo de flores. Hay un parking de coches. Hitler nunca tuvo carnet de conducir.


Recuerdo que mi madre siempre me decía que Berlín me iba a encantar por la libertad que respira, el caos, lo alternativo… porque allí todo vale. Quizá con menos años me hubiera impactado más, pero creo que ya le estoy empezando a pillar el gusto a esto del orden… Pelos de todos los colores, gente de todo tipo, muchas sirenas de ambulancia, tatuajes en abundancia y gente desmayada por las calles. Es difícil resumir en pocas palabras todo lo que te ofrece la capital del arte, la cultura y la música donde se considera que hay más museos que días en el año de lluvia y donde hay aproximadamente 300 memoriales a las víctimas del Holocausto. Alemania necesita pedir perdón.
Quiero acabar con una frase que se encuentra en una de las plazas de Berlín, donde se encuentra situada la Universidad de Derecho de Humbolt y desde donde un 10 de mayo de 1933 los nazis tiraban libros por la ventana para ser quemados. Es del año 1821 y Heinrich Heine escribió “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”.


Me despedí con nostalgia de Luis en la estación central de Berlín, él marchaba para China y yo para Polonia. Mi ruta en tierra de nazis continúa. Y todavía sigo sin entender el porqué del mayor exterminio de la historia. Quizá en Auschwitz encuentre respuestas…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *