Mar del Plata, la Ciudad Feliz y últimos días en Buenos Aires

Día 60 de la vuelta al mundo. 23 de septiembre de 2017, Mar del Plata (Argentina)

Soy una boluda, como dice Layán. Decides vivir al máximo pero no te sientas para asimilarlo ni transmitirlo. Y ahí es cuando recuerdas que el motivo de escribir nació para no repetirte explicando lo vivido. Luego compruebas que te ayuda a asimilar, y que la gente viaja desde el tren, su oficina o su cama. Y una ya no se repite, ni tampoco olvido y a veces, menos de las que me gustaría, paro, pienso y escribo por unas horas.

Quiero dejar de ser un poco boluda y retroceder en el tiempo. Me quedé en Buenos Aires con mi padre, que volvió a su tierra después de 28 años y que hace ya un mes que regresó a su querida Castelldefels. Mi madre me cuenta que aún le explica anécdotas y vivencias de esos días juntos que valen más que el oro y que ya forman parte de la historia de mi vida argentina.

Una historia que no solo abarcó Buenos Aires, sino la capital de la costa, Mar del Plata, la Ciudad Feliz, la segunda urbe de turismo más importante del país tras Buenos Aires. Viajamos en coche con mis tíos cuya distancia de 400 km. tiene un sentido diferente según el país que procedas. Esos cuatro días familiares sirvieron para disfrutar de mis tíos y comerme todo lo famoso de esa zona. Las medialunas de Atalaya (Chascomús) en el camino, las medialunas de Boston, el famoso restaurante Manolo (dueño español de Burgos), alfajores Havanna. ¡Viva la comida! Los lobos marinos, icono de ciudad, no me los comí.

Asimismo, me sirvieron para buscar la casa donde vivió mi abuelo materno y que ya no está, o para ver el lugar donde mis padres se dieron el «Sí quiero» en al año 1979. Ciudad glamurosa la recordaba mi padre, pero sólo la recordaba así. Observó una ciudad decadente, detenida en el tiempo, sin apenas inversión en su conservación o planeamiento, calles descuidadas, paredes despintadas, fachadas descascaradas. Una ciudad menos feliz y ya no exclusiva como antaño donde únicamente estaba al alcance de pocos.

Este país en el que llevo desde que aterrizamos un 8 de septiembre y del que me iré en unos días, es un país dentro de muchos países y goza de muchas maravillas del mundo que he tenido el placer de vivirlas y que pronto explicaré para cuando cruces el charco o bajes unos kilómetros del continente.

Mi mirada hacia este país ha cambiado desde mi última visita hará 7 años. Quizá porque he conocido sociedades distintas en un mismo territorio y mirar a las personas también es una forma de mirar a un país. Uno podría estar hablando horas de las caras de Argentina, de su fanatismo en política o fútbol, de soluciones a su economía, de su diversidad paisajistica, de su lado más humano, de sus costumbres y ricas comidas, pero lamento informar que no solucionaremos nada.

«Es Argentina», es el argumento por excelencia de la población ante una situación complicada,inverosímil, surrealista y propia de la idiosincracia cuyas expectativas de cambio son mínimas. ¡Comprúebalo! Mientras tanto… nos vemos en la próxima parada: la Patagonia Argentina.

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