Viajes pasados: mis 48 países

Curaçao

Curazao o Curasao, oficialmente País de Curazao, es un territorio autónomo del Reino de los Países Bajos con superficie aproximada de 444 km².

República Checa

Llegué  procedente de Viena en tren a la pintoresca Bratislava ( Eslovaquia) donde 24 horas son suficientes para visitarla.

La ciudad menos cautivadora de mi viaje. Y no porque fue la considerada industrial en la época de Checoslovaquia ni tampoco porque fue casi toda destruida poseyendo solo un casco histórico con escasas callecitas, sino porque, en general, la gente no sonríe. Sé que es cultural y que no están acostumbrados al turismo, pero me costaba vivir con ello. Ahí comprrendí que mirar a las personas también era una forma de mirar a un país. Me fui de allí muy rápido con la certeza de que algún día le daría una segunda oportunidad a la única capital en el mundo que tiene frontera con dos países.

Me esperaban 7 horas en un tren para llegar a la capital croata y recibir a mi madre fresca y preparada para pasar 10 días juntitas en tierras croatas, eslovenas y serbias. Nos esperaban ciudades desconocidas, citas a ciegas con lugares, que por muchas fotos que viéramos o por mucho que nos cuenten o que leamos, el momento de la verdad ocurre en el cara a cara. Y que espero contar.

Mis viajes en Suiza

Ginebra – Zurich (Agosto 2015)

Así que volví al Hostel donde comparto habitación con una australiana, una coreana y dos alemanas y me fui a bailar reggae con Gilberto y Reina a las fiestas de la ciudad. De camino viví un momento espectacular cuando de repente oí unas voces cantar a lo lejos y caminé hacia ellas. Dos chicos y dos chicas de la ciudad de Cracovia (Polonia) habían decidido hacer un coro callejero durante una semana y nos regalaron temazos desde Yesterday al Ave María y el Alelluya. Un momento perfecto le denominaría mi madre.

Durante mi vida en China leí uno de esos libros que te suponen un antes y un después en tu vida. Se llamaba Telón de Sombras, de Camilo José Cela Conde, y sucedía todo en Ginebra. No recuerdo cómo la describía pero sí que hablaba de ella de forma apasionada. Bonito nombre para los amantes del GIN. Os invito a investigar si existe alguna vinculación…

Geneve respira tolerancia, calma y solidaridad. Es sede de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, de la OIT, OMS, Comité Internacional Cruz Roja, entre muchas otras. Personajes como Lenin, que huyó de la policía, pasando de Finlandia a Ginebra, donde comenzó su segundo exilio, que habría de prolongarse hasta 1917. El filósofo Rousseau nació aquí, Henri Dunant también nacido aquí creó la Cruz Roja, o Jorge Borges decidió morir aquí y … ¡la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin tiene una preciosa casa aquí! Todos tenemos una pequeña parte de esa propiedad.

Es curioso como en cada ciudad del mundo todos presumimos de tener lo MÁS y MEJOR del mundo. En este caso Ginebra dice tener el banco más largo del mundo y el segundo reloj natural más grande del mundo. Imaginaos una foto de Reina, Gilberto y mía en todos estos lugares… porque he perdido el móvil número veintialgo de mi vida en el tren que me llevaría a Zurich ☹.

Mi viaje sin pausa pero sin prisas me hizo llegar a Zurich tras 3 horas en tren. En la ciudad más cara del mundo poco tiempo me iba a quedar ya que a la una de la mañana empezaría un periplo  de cinco trenes para llegar a Munich. La estación central te deja en pleno centro, ideal para caminar durante 4 horas. Es romántica, delicada y muy acogedora. Caminar por ella era similar a estar dentro de una casita de muñecas.

En fin… ahora me toca un viaje de 10 horas y 4 trenes hasta llegar a Munich y visitar a mi gran amigo Alex Patino. Necesito comprobar que hace eso llamado “trabajar” 😉

¡Hasta pronto Suiza! Volveré cuando tenga unos cuantos ceros en mi cuenta bancaria…

BERNA – GRINDENWALD (Interlaken) – MAINFELD (la tierra de Heidi) – Agosto 2016

Así que decidí ir a conocer a Pedro el cabrero, Clara y el abuelito en la ciudad de Maienfeld (Dörfli en el libro).

La capital suiza de este pequeño gran país simbolizada por un bonito oso presume ser una de las ciudades del mundo con más calidad de vida. No obstante, peligras ser atropellado en sus calles adoquinadas por coches eléctricos cuyo paso es apenas perceptible. La banda sonora es el sonido de los pájaros y del agua que fluye por el río que la envuelve, con interrupciones de la presencia de algún turista español, cuya melodía se detecta a grandes distancias.

Caminar por Berna conlleva un viaje a la Edad Media con esas grandes banderas, numerosas fuentes ornamentadas y una cuidada arquitectura medieval. Los atractivos de la ciudad son muchos en muy pocos metros cuadrados. El menos agradable el cautiverio del símbolo de la ciudad en unas dimensiones no aptas para esos preciosos animales. A pesar de no haber vivido mucho tiempo en la capital, se aprovechan del padre de la bomba atómica, nacionalizado como suizo y haciendo de su casa un museo donde vivió dos años durante la creación de la teoría de la relatividad.

Caminar por Berna conlleva un viaje a la Edad Media con esas grandes banderas, numerosas fuentes ornamentadas y una cuidada arquitectura medieval

Después de unos buenos consejos y 60 kilómetros en tren con un paisaje difícilmente descriptible descendimos a la región de Interlaken, un lugar que todo el mundo debiera conocer. La ciudad de Interlaken en sí no vale la pena porque está explotadísima por el turismo y creedme que solo veo asiáticos por aquí, la mayoría chinos, sin faltarles la última tecnología y las mejores cámaras fotográficas, aunque sí la educación pues te empujan, te pisan con tal de pensar en ellos mismos. En China me gustaban, en el resto del mundo… no tanto.

Grindenwald. Una especie de valle, como los de los País Vasco pero multiplicado por 10 y situada en las faldas de la montaña Eiger, en la región del Jungfrau.

Alejándome de lo turístico, a media hora en un tren que se adentra en las montañas conocí el paraíso, esta vez con otro nombre: Grindenwald. Una especie de valle, como los de los País Vasco pero multiplicado por 10 y situada en las faldas de la montaña Eiger, en la región del Jungfrau.

Allí disfruté del aire puro y rutas de montaña, una de ellas un tanto accidentada pues caminé durante 4 horas hasta llegar a una cima y mi plan de descender en autobús se vio frustrado al encontrarme tomando algo en el bar de la cima y preguntando la hora del último autobús. Se limitaron a señalarme uno que ya estaba bajando hacia el pueblo. Eran las 6 de la tarde y mi cabeza imaginó todo tipo de finales no deseados así que corrí como si no hubiera un mañana, fui seguida por vacas que me dieron un poco de miedito pero tras dos horas llegué sana y salva y puntual para una fiesta en el pueblo que se celebra un miércoles de cada mes. ¡Era miércoles! Todavía recuerdo el placer que sentí cenando esa noche, un frankfurt con raclette y un delicioso pastel de fresas muy merecido. Todavía me duele alguna parte del cuerpo.

Como no podía ser menos, en esta región también encontramos “lo más” y lo “mejor”. En este caso nos referimos al tren más alto de Europa pudiendo disfrutar de enormes vistas sobre el valle de Lauterbrunen y los colosos Eiger, Monch y Jungfrau por el módico precio de 130 €. Me despedí de Grindenwald con el sonido de los pájaros que triplica el de las voces humanas sabiendo que algún día volvería.

Después de 225 kilómetros de un paisaje cargado de montañas fascinantes, enormes lagos, prados y picos cubiertos de bosques fui en busca de la entrañable y alegre Heidi. Llegué aquí de forma espontánea pues mis deseos de llegar a Salzburgo no pudieron cumplirse al no haber alojamiento. Es el Festival de Salzburgo, un evento al que acude gente de todas las partes del mundo. Así que decidí ir a conocer a Pedro el cabrero, Clara y el abuelito en la ciudad de Maienfeld (Dörfli en el libro).

Si bien recuerdo de pequeña disfrutar con los episodios del abuelito y Clara desconocía la historia real y la procedencia de la misma, el libro de Johanna Spyri escrito en el año 1880. En Francia me acompañó una novela de amor francesa, en Suiza leí a Heidi para refrescar la historia que tan olvidada tenía y en Austria un libro de Mozart. A diferencia de lo que veía de pequeña, en Maienfeld el cielo no es siempre azul. El día que corrí por los prados y grité ¡Pedro! ¡Abuelito! llovía y era gris. Tampoco ese día ardieron las montañas. De todos modos, disfruté imaginándome a tía Dete llevándose a Heidi a Frankfurt y reviviendo el canto de Abuelito dime tu, Dime ¿por qué hasta aquí subí?; Dime ¿por qué yo soy tan feliz? Abuelito, nunca yo de ti me alejaré.

Cabe decir que la casita me decepcionó porque no se ajusta de forma exacta a lo que leí en el libro, ni la cama de paja estaba en el sitio que debería, ni la ventana desde donde miraba Heidi era redonda. Quiero creer que es cosa de la escritora y no del negocio que atrae a miles de japoneses a esta ciudad para ver en carne y hueso el lugar de su serie de anime japonesa previo pago de unos 15 Euros. Me despedí de Blanquita y Diana y tras otro intento fallido de encontrar a Pedro me marché rumbo a Austria.

Me pregunto porqué un país tan pequeño tiene tanta riqueza. Quizá por su condición de paraíso fiscal y la presencia de tantos bancos o que al ser tan pequeño la gestión sea menos dificultosa. No lo sé. Los precios son incluso caros para ellos, donde el salario de un trabajo no cualificado es de 4.000 Euros. A pesar de los elevadísimos precios es muy difícil marcharse de ese país donde los paisajes te provocan abrir y cerrar los ojos para comprobar que es cierto aquellos que estás mirando. Un lugar perfecto para llevarse una bici, una tienda y un fogón y perderse con Heidi y Pedro entre bosques infinitos y grandes alfombras verdes.

Abandoné Suiza para llegar a la capital de la música clásica y de la sal como dice su nombre. Un gran capricho de la naturaleza. Un museo al aire libre. La ciudad de Sonrisas y Lágrimas, la ciudad del genio Mozart, el lugar donde se fabrica el Red Bull…

Ginebra – Laussane- Ginebra (Agosto 2015)

LAUSSANE: la Capital Olímpica, sede del Comité Olímpico Internacional (Organismo encargado de supervisar y administrar todo lo concerniente a los Juegos Olímpicos y encargado de seleccionar las ciudades que serán sede cada cuatros años).

Un autobús de línea fue lo más rápido que encontré para cambiar de país y llegar a la famosa Ginebra. El tren tardaba 4 horas para un trayecto de 40 km. por lo que después de una hora y media en un abarrotado bus y un trayecto mitad verde por el paisaje bucólico y mitad negro por mi sueño profundo llegaba a la elegante y lujosa Ginebra.

Ya era de noche y las fiestas mayores me recibieron para pasear entre sus gentes y apreciar la cantidad de turistas de países del Golfo pérsico o de Arabia Saudí que visitan este país durante sus vacaciones. Al cabo de unas horas me di cuenta del porqué: Ginebra es la segunda ciudad más cara del mundo y la “rue du Rhone” los espera con los brazos abiertos entre Bancos Suizos y tiendas de Rolex, Louis Vuitton, Hermes…

No me hospedo en el Hotel donde se alojó Sissi Emperatriz e imperan los Ferraris y Porsches, pero sí en un Hostel que está justo al ladito, en el borde del lago Lemán (mayor lago de Europa Occidental) y con vistas al Mont Blanc. Es caro para lo que es (40€), pero barato para ser Ginebra, donde un salario medio (sin estudios superiores) asciende a  4.000 euros. El menú del día 40 Euros, subirte a una atracción de feria 10 Euros, un café con leche 6 Euros, una ensalada 20 Euros…  No recordaba que aquí no había Euros, aunque tampoco he tenido que cambiar porque los aceptan. El franco suizo está muy alto y lo equiparan a un Euro, he aquí la razón por la cual es junto con Zurich las ciudades más caras del mundo en la actualidad.

Antes de salir a visitar Ginebra en profundidad y tras la recomendación de muchas personas que he conocido en el camino, cogí un tren a 30 minutos que me llevaría a LAUSSANE: la Capital Olímpica, sede del Comité Olímpico Internacional (Organismo encargado de supervisar y administrar todo lo concerniente a los Juegos Olímpicos y encargado de seleccionar las ciudades que serán sede cada cuatros años).

Allí se puede visitar el Museo Olímpico donde se encuentran todas las antorchas olímpicas, los trajes de las inauguraciones y numerosas referencias a todos los deportes olímpicos. Fue inevitable pensar en nuestras Leonas (selección española femenina de rugby) y desear fuertemente que algún día ellas estén en ese museo. Dentro de 365 días la llama se volverá a encender para Rio 2016. Espero estar en Brasil para animar a nuestras leonas. Mi amigo Gilberto (así se llama mi pelota), Reina y yo intentamos hablar con alguno miembros del COI para que hagan el rugby XV también olímpico, pero no hubo suerte.

Me perdí horas y horas observando sus majestuosas construcciones entre sus calles empinadas y pronunciadas bajadas y al volver a Ginebra sentía que debía quedarme un día más, así que… CONTINUARÁ.

Mis viajes en Rumanía

Brasov – Sinaia – Bucarest (agosto 2015)

Escribo estas palabras en tiempo real. Bucarest, 23 de agosto. Ayer llegué a la capital rumana en la región de Valaquia tras 6 días recorriendo la Rumanía profunda, la región de Transilvania: rural, montañosa, verde, sencilla, y en ocasiones, espectacular. Necesitaba alejarme de la ciudad y asimilar toda la historia viva que estaba aprendiendo.

Tras tres días en la preciosa Budapest donde disfruté de sus famosos balnearios, salí de fiesta por los singulares ruin pub y me perdí por las calles del lado Buda y lado Pest sentí que era el momento de cambiar de paisaje.

Demasiado cemento, museos, edificios emblemáticos e iglesias en mi retina. Demasiada historia que procesar. De casualidad, encontré un pequeño paraíso en la montaña más alta de este país donde me acogió un hospitalario matrimonio rumano que me hicieron sentir como en casa.

Para llegar hasta ese pequeño paraíso llamado Balea Lac, circulé por la supuesta carretera más bella del mundo, la Transfagarasan road. Caminé entre nubes y deleité los típicos manjares rumanos. Visité la pequeña ciudad de Sibiu, la muy recomendable ciudad de Brasov, el castillo de Peles en Sinaia y el falso castillo de Drácula en la ciudad de Bran que como ya me habían advertido, no merecía la pena. Pero me dejé engañar por el marketing.

Una publicidad engañosa debido a la creación del personaje llamado Drácula y creado por el irlandés Bram Stoker inspirándose, en parte, en un príncipe de Valaquia llamado Vlad el Empalador. Empalador porque utilizaba un método de tortura donde la víctima es atravesada por una estaca cuya penetración se realizaba por la boca, la vagina, los costados, o el recto. Después, durante sus comidas, mojaba el pan en la sangre de sus víctimas. Hoy es considerado un héroe nacional en Rumanía por luchar contra la expansión otomana.

La capital, en cambio, desprende comunismo de sus edificios. Está desgastada, de color grisáceo. Suerte que los rumanos la iluminan con su simpatía y alegría. Ellos quieren a todo el mundo, pero en España los solemos discriminar por su mala fama metiendo injustamente a todos en el mismo saco. En Castelldefels hay muchos ejemplos de rumanos con historias fascinantes que vienen hasta aquí en busca de una vida mejor. A veces hay que salir de nuestras fronteras para poder apreciar esa multiculturalidad y ser más tolerantes.

El color comunista de sus calles y el humo que desprenden todos los bares y trenes donde se permite fumar se complementa con la fiesta de noche, uno de los mejores tesoros de la capital rumana. Sólo hace falta caminar por el barrio antiguo y hacer la ruta del bacalao entre bar y bar, a escasos metros del Parlamento, el segundo edifico más grande del mundo, después de El Pentágono estadounidense.

Mi viaje ha llegado hasta aquí, a pesar de mi idea inicial poco realista de llegar a Estambul y conocer otros tantos países que había planificado. Ha sido corto, pero intenso. No siento pena de su fin, sino alegría de haberlo vivido y conocido, y sobre todo compartido.  Ha sido un viaje muy tranquilo para mi nivel de intensidad y la marcha quinta de mi vida diaria. Aunque siento que ya es hora de cambiar de marcha. En tercera, tal vez 😉 ¡Ya os lo contaré!

Por cierto, la Reina se ha portado muy bien, durmiendo casi todo el tiempo. Gilberto regulín. Un día desapareció, alguien lo secuestró. Se va con cualquiera…También se portaba mal cuando votaba por la calle y no volvía a mí y sobre todo, cuando se caía a las vía del tren tras lanzarlo a la pared.

Gracias por acompañarme en este viaje en solitario. En ningún momento me he sentido sola.

¡Ha sido un placer viajar con todos vosotros!

(Fin de mi interrail 2015)

Mis viajes en Polonia

Varsovia-Cracovia (Agosto 2015)

¿Por qué se llama polacos a los catalanes? Esa es la primera pregunta que me hice al llegar a este país y de la cual no he encontrado una teoría definitiva. Las hay de las más variopintas pero todas tienen en común que es un término despectivo. Ahora entiendo la procedencia de los programas de TV3 “Polònia” y “Crackòvia”.

No sé si su origen se remonta a la Guerra Civil en el frente de Aragón en la zona donde se retiraron las brigadas internacionales, o en los cuarteles españoles donde los otros reclutados no los entendían (el otro día me dijeron que el polaco es el idioma más difícil del mundo). Un historiador indica que la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía”. Lo que sí sé es que cuesta entrarle a un polaco, parecen tímidos y cerrados al principio, pero una vez se fían de ti son encantadores, aunque muchos parecen unos bordes hay que darles tiempo. Es posible robarles una sonrisa.

Tienen una historia desgarradora, llena de dolor, de invasiones, de injusticias…  No es casualidad que la palabra ESLAVO, venga de la palabra ESCLAVO. A Varsovia le marca la vida dos hechos muy importantes los levantamientos del año 1943 y 1944. Y eso lo descubrí al llegar a Varsovia tras casi seis horas en el vagón restaurante. Les tengo un especial cariño a esos vagones, creo que porque me mantienen despierta y me permiten disfrutar del paisaje y no caer en mi fácil sueño profundo. Y ya de paso aprovecho para probar la especialidad de cada país ;). Tengo la sensación de que podría distinguir el país que estoy según el paisaje que hay detrás de las ventanas. Suiza de película, Alemania verde infinita, Polonia más seca y árida.

La capital polaca no me pareció nada del otro mundo. Tiene el mismo número de habitantes que hace 50 años y te recibe con un imponente e inmenso edificio en la estación de trenes. Un regalo de Lenin al que puedes subir hasta las planta número 30 y desde donde se pude contemplar toda la ciudad.

Empeñada en llegar a pie a los lugares, caminé más de una hora hasta llegar a mi cama por esa noche en un hostel precioso en el corazón de la ciudad, donde abandoné a mi pesada mochila, a Reina y Gilberto y me fui a pasear de noche por el barrio antiguo y el Castillo Real precedido por la Columna de Segismundo, el cual fue bombardeado por las tropas nazis como la mayor parte de la ciudad, la cual asombrablemente está toda reconstruída.  Varsovia cuenta en su curriculum con la casa de la ilustre química y física Marie Curie (primer mujer que obtuvo el Premio Nobel de Física en 1903) y el célebre pianista Frédéric Chopin, donde pude visitar la Iglesia de la Santa Cruz que muestra con orgullo los restos de su corazón enterrado allí.

Al día siguiente salí a hacer mi habitual running-tour, el cual he hecho en todas las ciudades que he visitado, sin excepción. Consiste en correr por las ciudades a la vez que me paro a contemplarlas y luego repaso a pie los lugares que me faltan tras una merecida ducha. El poder apreciar la dimensión de una ciudad y conocer rincones escondidos a la vez que hago ejercicio gana a la pereza que siento a veces al ponerme las zapatillas.

Otra de las cosas que suele ser un ritual de mi viaje son los FREE WALKING TOUR, donde un guía local te explica todos los secretos de la ciudad. Duran una media de 2-3 horas y son increíbles porque recibes una cantidad de información mientras caminas que te ayuda a entender el porqué de todo lo que te rodea, además de recibir buenísimos consejos de qué visitar, cómo moverse en la ciudad y qué especialidad culinaria debemos probar.

En el que free tour de Varsovia conocí a un psicólogo de Terrassa que me psicoanalizó gratuitamente durante una comida en la que probamos los típicos Pierogi polacos (empanadillas al vapor rellenas de repollo, queso, carne…) y me recomendó/recetó una lectura llamada “Manual de vida” de Epicteto. Me encantó conocerle y la conversación que tuvimos. Lástima que tuve que cortarla y decirle adiós porque ya había investigado toda la ciudad y reservado un tren que me llevaría a Cracovia con mi objetivo de llegar a Auschwitz.

Conocí en el tren de la capital al sur de Polonia a dos catalanes de Vic con los cuales no paré de hablar hasta que me despedí de ellos en mi nueva camita de esa ciudad. Al llegar a Cracovia me di cuenta que era una ciudad preciosa que merecía ser visitada durante días y ahí me quedé. Cometí el delito de abrir mi correo electrónico del trabajo que me ocupó unas cuantas horas en un hostel ambientado de película donde dormí en la habitación Casablanca y fui cambiada a raíz de la existencia de un insecto en otra llamada El Padrino.

Cracovia es una ciudad muy pequeña en cuando a la zona turística se refiere pero esconde historias increíbles entre su casco antiguo y el barrio judío. Demasiado enfoque turístico para mi gusto, pues al caminar por las calles no paras de recibir folletos ofreciéndote excursiones, espectáculos o locales donde cambiar euros.

Mi lugar preferido de esa ciudad fue la Fábrica de Schindler donde viajé a la II Guerra Mundial y conocí de primera mano las atrocidades de los nazis, cuyo signo nos dijeron que significa “Larga vida. Buena suerte”. No me lo puedo creer.

Un lugar escalofriante al cual llegué con alegría y me fui con tristeza donde caminé por guetos, entré a habitaciones de 4 metros cuadrados y habitaban  judíos, y donde tuve el placer de conocer en profundidad a Oscar Schindler, y lamento decir que sí era “encantador” pero no tan maravilloso como lo pintan en la película que habla de él “La Lista de Schindler”.

Muchos secretos de la mano de un guía polaco que me guardo para contároslo personalmente algún día… Solo decir que hubo personas que confundían la palabra Schindler, con Hitler.

Después de un par de días en Cracovia, había llegado el turno de llegar a la ciudad polaca llamada Oeswicim (Auschwitz en alemán).

Auschwitz (Agosto 2015)

“ARBEIT MACHT FREI” – “El trabajo os hará libres”. Esa irónica e intencionalmente ambigua frase es lo primero que puedes apreciar al entrar por la puerta de Auschwitz-Birkenau, el mayor cementerio del mundo.

Visitar un campo de concentración no es nada fácil para un corazón. Nunca había sentido tener la piel de gallina desde los pies hasta la cabeza, pero al caminar tras la Puerta de la Muerte sentí por primera vez lo que era estar en un infierno.

Con 17 años trabajé como secretaría con un profesor universitario llamado Mariano Castellblanque que colabora frecuentemente  en una página llena de artículos geniales: Piensa, es gratis. Él estuvo allí hará unos seis años y recuerdo que vino bastante shockeado. Yo no entendía nada. Hace relativamente poco escribió un artículo que me gustó mucho y que ahora he rescatado. Me permito el lujo de reproducir un párrafo de él que comparto en su totalidad y que se titula: Auschwitz, yo estuve allí.

“Fue uno de esos viajes íntimos que te cambian la vida porque de alguna manera no es “turismo” es mucho más, es un viaje al interior de uno mismo y de lo peor y lo mejor de la humanidad. Es un viaje que te agita el cerebro, te retuerce el alma y te hace valorar lo que tienes, por poco que sea. Yo de por sí, ya soy optimista, tras visitar Auschwitz cualquier problema me parece casi una nimiedad”. http://www.piensaesgratis.com/auschwitz-yo-estuve-alli/

Así fue. Recorrí durante tres horas y media el símbolo del Holocausto con una guía polaca en versión española y a día de hoy no puedo dejar de pensar en ese maldito lugar, emplazado prácticamente en el corazón de Europa donde te mataban por escuchar la radio o por hacer dibujos.

Silencio, caras serias y algún español sin cuidar el tono de voz, eso es lo que se oye. Ni una sonrisa, caras de incredulidad, bastantes lágrimas, eso es lo que se ve. Los selfies están prohibidos, pero dudo que alguien sea capaz de hacerse uno en ese lugar.

Es complicado resumir y describir todo lo que te puedes llegar a imaginar al caminar por los bloques y barracones para prisioneros, letrinas, edificios de la administración, el paredón de la muerte donde fusilaron a miles de personas, torres de vigilancia, kilómetros de vallado, la plataforma de descarga, la cámara de gas, los crematorios… Hubo muchos formas de matar, gaseados, fusilados, suicidados, quemados, víctimas de experimentos médicos, agotamiento por los duros trabajos, entre otras. Había tiros en la nunca para todo aquel que no era alemán.

No quiero ser desagradable pero el procedimiento, según la historia que a mí me han explicado, era el siguiente: los judíos, polacos, prisiones de guerra, gitanos, homosexuales llegaban en trenes que paraban en la plataforma de descarga de Auschwitz-Birkenau, después de muchos días de viaje y con excrementos hasta los tobillos. Viajaban en un vagón con 80 personas juntas sin poder apenas moverse en los cuales, de forma ocasional, muchos padres mataban a sus hijos quitándoles la respiración para que no aguantaran ese sufrimiento.

Al llegar, dejaban las pertenencias a un lado y eran sometidos a una selección. Los más fuertes se quedaban a un lado, las mujeres, personas mayores y los niños a otro. Estos últimos se iban a la ducha. Contentos por darse un baño tras un largo viaje caminaban con una bolsita que contenía su jabón, su toalla y su cepillo de dientes. Se desnudaban y entraban todos juntos a la ducha. Había vergüenza pero quedaba en un segundo plano. ¡Querían ducharse! Pero nunca salió agua. Salía Zyklon B, lanzado desde un agujero en forma de pequeños terrones de tierra de diatomeas, de la que se obtiene el gas.

Los nazis lo aprovechaban todo. Los miembros del Sonderkommando (unidades especiales de trabajo cuya tarea fundamental era enterrar y quemar cuerpos) después de gasear a las víctimas y antes de quemarlas, les cortaban el pelo y les arrancaban los dientes de oro para luego venderlo. Antes de eso, les robaban sus pertenencias y un grupo se encargaba de hacer la división de la ropa. Hoy se conservan algunas prendas. Los nazis no lograron destruir todas las pruebas de su crimen, a pesar del intento.

Y esto es solo una parte de lo que allí descubrí. Creo que por ahora, suficiente. No es fácil de digerir. Los elementos fundamentales de la ideología nazi eran: odio al comunismo, a los judíos y la democracia, así como la convicción de la superioridad del pueblo alemán sobre los demás. “Debemos liberar a la nación alemana de polacos rusos, judíos y gitanos” dijo Otto Thierack, abogado y ministro de justicia del III Reich. Después de su arresto, se envenenó antes del Juicio de Nuremberg.

“Los judíos son una raza que debe ser totalmente aniquilada” de la mano de Hans Frank, militar y abogado nazi. Gobernador General de la Polonia ocupada. Fue condenado a la horca y ejecutado el 16 de octubre de 1946. A veces la justicia cumple con su papel.

El tiempo pasa inexorablemente. La historia de los testigos directos en breve llegará a su fin. Hoy quedan vivos unos 140 supervivientes aproximadamente. Para mí, 140 héroes.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Sigo sin entender cómo puedo pasar algo así. Aunque tampoco entiendo porqué a día de hoy siguen muriendo cientos de personas en Oriente Medio o en otras partes del mundo a causa de la guerra.

Llegué a Cracovia en busca de mis pertenencias tras un viaje en autobús con unos valencianos muy simpáticos que me hicieron olvidar por un momento lo que acababa de ver y me despedí de la ciudad en un tranvía de camino a la estación. Mi tren rumbo a Budapest (Hungría) salía en pocos minutos y llegaba tarde. Tuve que correr mucho pero lo conseguí. Ya en mi camita litera dura como una piedra y en un compartimento con una mexicana y una americana me sentía rabiosa y necesitaba algo para apaciguar todo ese dolor. El Patino me había pasado la mejor película que podía ver en ese momento, a pesar de las lágrimas que la acompañarían: La Vida es Bella.

Mis viajes en Francia

LYON (Agosto 2016)

Francia: Lyon, capital de la Galia durante el Imperio Romano y ciudad de la seda

Mi falta de previsión me hizo viajar en un tren de primera clase rumbo a la tercera ciudad más poblada de Francia: Lyon, capital de la Galia durante el Imperio Romano y ciudad de la seda, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad. El caminar por sus calles y el subir y bajar constantemente escaleras te demuestran el porqué de ello. Es curioso como en una dimensión tan pequeña, haya tanta riqueza urbanística predominada por sus colinas, la confluencia de los ríos Saona y Ródano y sus grandes plazas peatonales, una de ellas considerada la más grande de Europa.

3 coreanos con el síndrome de conocer muchos países en apenas 8 días me recibieron en el tren con un inglés que me recordó lo oxidado que lo tengo. Aunque sea raro en mí, tenía pocas ganas de hablar. Mis cuerdas vocales están resentidas y mi cuerpo agotado. La banda sonora de la serie “Cites” me ayudó a alejarme de los tres asiáticos que me interrogaban sin cesar.

Las 5 alarmas de mi móvil sonaron para despertarme y avisarme que estábamos llegando a Lyon. Como de costumbre, siempre elijo llegar a pie a mi alojamiento, aunque muchas veces me arrepienta a medio camino. 40 minutos con más de 15 kilos a mi espalda me hacen replantearme mi costumbre.

Dormía en un bonito hostel situado en el corazón la Croix-Rousse («la colina que trabaja»), donde los traboules son los protagonistas de sus calles. Empecé mi visita a la ciudad perdida por ese laberinto de pasadizos cuasi secretos que unían las casas para abreviar el camino al río o según datos de un lionés para mantener alejados de miradas indiscretas a paseantes. Aquí fue donde en el siglo XV se instalaron los primeros talleres que elaboraban seda. Aquí fue donde experimenté miedo en la oscuridad de los pasadizos e incertidumbre en saber si había o no una salida. Aquí es donde empezó a gestarse la riqueza y la belleza de la ciudad.

Con independencia de los que se puede ver en las ciudades físicamente, hay historias por las cuales también se “vende” Lyon. El lugar para descubrirlo son las tiendas de souvenirs a las cuales entro siempre en busca de un imán para mi querida madre. Me sorprendió está vez los Guiñol, títere de guante nacido en Lyon a comienzos del siglo XIX. Y yo que pensaba que eran catalanes… Y el lugar de nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry, el hijo más célebre de esta ciudad, en la que seguramente encontró en sus calles la inspiración para la creación de la rosa, el baobad o el zorro.

Una vez recorrida toda la ciudad, realizando la visita obligatoria a lo alto de la colina en funicular, habiendo paseado por el zoo, el jardín botánico de la Tete d’or, y cruzarme a una familia española que no podía entender cómo viajaba sola, decidí que el siguiente destino sería Berna, cautivadora ciudad que nos recibió con fuegos artificiales y petardos en todas sus calles llenas de relojes y fuentes en motivo de la celebración de la fiesta nacional, fecha de su creación como Estado el 1 de agosto de 1291.

Perpignan – Avignon – Annecy. (Agosto 2015)

Escribo estas primeras palabras de mi aventura bajo un árbol situado en frente de un precioso lago en la bella Annecy (Francia) y la bonita “Somewhere over the rainbow” en mis oídos. Es la llamada Venecia de los Alpes. Una ciudad con mucho encanto y un espíritu medieval que te transporta a un cuento de hadas con tejados simétricos, balcones con flores y más flores. Falta el príncipe.

Hace poco más de 24 horas que ha empezado un interrail lleno de destinos pero sin ningún ritmo. Mis pasitos son de 10 centímetros y las prisas no existen. Algo que me cuesta entender. Me acompañan en este relajante viaje una pesadísima mochila, mi querida Reina representada en peluche, un kit de mate y mi tesoro más preciado: un balón de rugby.

En unos minutos embarcaré en un pequeño barco que me llevará a recorrer el lago de Annecy desde donde se pueden apreciar los picos más altos de los Alpes: Montbanc , le Tournalette … A su alrededor abundan las playas artificiales y castillos medievales y si miramos hacia arriba decenas de parapentes de múltiples colores inundan el cielo azul.

El Lago de Annecy es famoso por ser uno de los lagos más limpios del mundo y es el segundo lago más grande de Francia tras el Lago Bourget.

¡Zarpamos! Nos vemos en Ginebra 😉

Aruba

Aruba – Año 2008

Aruba es un país autónomo insular del Reino de los Países Bajos —junto a Curazao, Sint Maarten y los Países Bajos—. Se establece en la isla homónima del grupo de Sotavento, perteneciente a las Antillas Menores.

Mis viajes en Austria

SALZBURGO (Agosto 2016)

En Salzburgo experimenté el sabor de una nueva droga que me enseñaron en el instituto como obligación y no como opción. Definida como un instrumento para extraer lo mejor de los seres humanos; un modo de elevarse por encima de la banalidad de lo cotidiano, poesía sin palabras; pintura sin colores; escultura sin materia, arquitectura sin ladrillo.

Su máximo exponente: W.A. Mozart y su padre Leopoldo, presentes en todas las calles de la ciudad barroca en forma de estatuas, cuadros, bustos, bombones, servilletas, imanes y cómo no, museos de su habitación de nacimiento y residencias u objetos que fueron tocados por sus manos y que no pude evitar tocar yo también.

Debo admitir que casi no llego a esa ciudad. En el trayecto de Suiza a Austria, sentada en unos de esos vagones restaurantes que tanto me gustan y desde donde descubro paisajes insólitos y me sumerjo en mundos diferentes que llevo en mi Kindle, me olvidé un estuche que contenía mi pasaporte, mi DNI, mi billete interrail y todo el dinero que llevaba, incluida las tarjetas. Una Lindada, como una vez alguien bautizó a mis continuos sucesos que solo parece que a mí me ocurran.

Un incidente nada doloroso, pues yo desconocía su pérdida hasta que la camarera del restaurante se recorrió todo el tren hasta encontrarme acompañada de El Padrino. Como diría mi amiga Amanda, siempre tengo una flor que me acompaña. O un ángel, como no deja de recordarme mi madre. ¡Gracias flor, gracias Ángel!

Cuando llegué de noche a esa metrópoli cultural no sabía hacia dónde ir, como me ocurre en todas las estaciones que voy llegando. Viajar sin móvil produce buscarte la vida como a la vieja usanza y preguntar más de una vez (siempre) para ver donde emprender el camino. Al cabo de una hora encontré el alojamiento gracias a un californiano y un inglés que me encontraron perdida y que iban al mismo lugar que yo. La mochila me delató.

Compartimos unas cervezas en el bar del hostel y nos sorprendimos de que los huéspedes de allí cantaran de maravilla bajo la tutela de un piano que no paraba de sonar.

Nos mirábamos atónitos preguntándonos si luego nos tocaría a nosotros. ¿Y yo qué canto? Me preguntaba en mis adentros continuamente. ¡No puedo cantar! Y mientras mi cabeza se peleaba con preguntas y respuestas, mis oídos no dejan de escuchar música clásica que salía de las voces de un grupo de jóvenes sentado a mi alrededor que nos lanzaban miradas de vez en cuando. Y yo aplaudía sin cesary cantaba sí, pero solo ¡BRAVOOO! Entre canción y canción, decían ¿quién es el siguiente? Y siempre había voluntarios. Suspiré.

Después de unas quince canciones y viendo que cada vez había más probabilidad de que me tocara a mí pregunté a qué se debía ese don que todos tenían menos mis acompañantes y yo. Era un grupo de unos treinta americanos que había venido a competir en el Festival de Salzburgo y se alojaban en el mismo lugar. Evento al que acuden personas de todo el mundo, sobre todo, de la clase alta que puede permitirse los precios que oscilan desde 450 € hasta los 15 € (el precio de mi entrada).

Me desperté con las teclas de un piano y una voz soprano que me empujaron a recorrer la ciudad de la música durante más de 15 horas. Acaricié desde las primeras filas de un auditorio una aria de una ópera de Mozart y una sinfonía de Beethoven que me hicieron imaginarme una historia que nada tiene que ver con la del libreto cuyo alemán no entendía. Mi vestimenta de tejaron rotos, resultó ser desubicada para la ocasión pero no me impidió relacionarme entre las elegantes mujeres y trajeados hombres, uno de ellos, proveniente de Canadá para el festival y que amablemente se dedicó a explicarme entre aplausos todos los conceptos de música que albergaban en mi ignorancia.

Maravillada por lo que acaba de vivir seguí perdiéndome por esa pequeña ciudad sintiéndome por momento Julie Andrews y tarareando el sonido de sus canciones en el famoso musical Sonrisas y Lágrimas (The sound of music), gracias al cual la ciudad recibe miles de visitantes al año. No hubo ni un rincón que me faltara por visitar, incluida dos subidas a la majestuosa fortaleza ubicada encima de la ciudad, en el monte Mönschberg, el castillo más grande y bien conservado del centro de Europa. Una de las veces corriendo para llegar a un museo que nunca logré entrar.

A cambio del museo cerrado, mientras recuperaba el aliento a la vez que contemplaba por enésima vez los tejados de Salzburgo, un argentino del mismo pueblo de mi madre me interrumpió pidiéndome que le sacara una foto en un inglés con acento a español. Ahí empezó una conversación de más de ocho horas, un fotógrafo personal, unos bailes de tango y una noche a la austríaca en los bares que frecuentan los locales.

Nos despedimos de madrugada, rodeados de borrachos y en uno de los tantos puentes que tiene la ciudad y acordamos vernos en Viena a la noche siguiente intercambiando únicamente nuestros nombres en Facebook. No era mi intención no reencontrarme con él, pero con mi nombre es bastante difícil localizarme, al igual que con el suyo.

No podía marcharme sin conocer todos los escenarios de la película de la familia von Trapp así que contraté una excursión que me llevó en autobús a todas las partes donde se filmó el famoso musical, algunos lejos de la ciudad de Salzburgo como St. Gilgen o la iglesia donde se casan a orillas del lago Mondsee. Todo ello con un grupo de turistas/frikis que cantábamos al unísono DOminemos nuestra voz, REpitiendo sin cesar, MI lección se entienda ya, FAcíl es poder solfear; [—] DO-RE- MI-FA-SOL-LA-SI, entre otras tantas canciones.

Me despedí como al llegar, de noche otra vez, con la sensación que uno tiene al decir adiós a algo o alguien que desea mucho. Adiós a la ciudad de los príncipes, de los festivales, la ciudad de Mozart. Resultó difícil marcharse de Salzburgo, pero al cabo de poco más de dos horas, ya pasada la medianoche, la imperial Viena me ayudó a decirle adiós.

VIENA (Agosto 2016)

Escribo estas palabras en la vorágine del día a día y con dificultad para encontrar minutos con los que seguir construyendo frases y asimilando vivencias. Ya hace un mes que me bajé de los trenes europeos para volver a la realidad y recordar que, por ahora, los viajes tienen fecha de caducidad.

Se acabaron los despertares sin alarmas, las lecturas de horas ininterrumpidas, los días sin leyes y sin rugby. Se acabó la ropa arrugada o los pasos sin prisas.

En mi primer despertar en Viena descubrí un mensaje de mi madre que planteaba la opción de pasar unos días de mochilera con su hija pequeña. Me gustaba la opción, aunque mi viaje cambiaría completamente. Sabía que lo recordaría toda mi vida. Lo que no sabía era que la avasallaría a preguntas y que hablaríamos de cosas que quizá, de no estar en ese contexto, nunca hubiéramos comentado. Una gran compañera de viaje, sin duda.

Transcurrieron 6 días desde que acordamos encontrarnos en Zagreb hasta que se abrieron las puertas del aeropuerto y apareció ella con su gran sonrisa y su mochila-maletita.

Mis días previos los pasé en Viena, perdiéndome en sus calles de día y de noche con gente local que conocía caminando. No podía irme sin la visita obligada al escenario de todos los lugares de una película que nos encanta a mis hermanas y a mí: “Antes del amanecer”. No me encontré al protagonista Ethan Hawke pero sí a un argentino con el que días atrás descubrí Salzburgo y, que tras quedar en Viena y no poder localizarnos, me encontró leyendo adentro de un minúsculo bar, escenario también de la citada película. Casualidades que me encantan.

Quedaban pocas horas para cambiar de país rumbo a Bratislava así que las aprovechamos caminando bajo la lluvia y visitando los jardines de Belvedere y la ópera de Viena, cita obligatoria para cualquier persona que acuda a la ciudad. Nos despedimos en la capital que combina la arquitectura de Buenos Aires y el imperialismo de Madrid, sin un encanto característico a pesar de su belleza. Apenas una hora y media más tarde llegué a la pintoresca Bratislava donde 24 horas son suficientes para visitarla.

La ciudad menos cautivadora de mi viaje. Y no porque fue la considerada industrial en la época de Checoslovaquia ni tampoco porque fue casi toda destruida poseyendo solo un casco histórico con escasas callecitas, sino porque, en general, la gente no sonríe. Sé que es cultural y que no están acostumbrados al turismo, pero me costaba vivir con ello. Ahí comprrendí que mirar a las personas también era una forma de mirar a un país. Me fui de allí muy rápido con la certeza de que algún día le daría una segunda oportunidad a la única capital en el mundo que tiene frontera con dos países.

Me esperaban 7 horas en un tren para llegar a la capital croata y recibir a mi madre fresca y preparada para pasar 10 días juntitas en tierras croatas, eslovenas y serbias. Nos esperaban ciudades desconocidas, citas a ciegas con lugares, que por muchas fotos que viéramos o por mucho que nos cuenten o que leamos, el momento de la verdad ocurre en el cara a cara. Y que espero contar.

Mis viajes en Argentina

 

2010 Argentina

Ubicado en el límite sur de unos de los barrios porteños más emblemáticos como lo es San Telmo y emplazado en una de las pocas barrancas naturales de la ciudad. El parque tiene varias esculturas (una loba romana, por ejemplo), monumentos (como el Monumento a la cordialidad internacional, sobre Av. Martín García), un anfiteatro, un mirador y una fuente. Sobre la calle Defensa, en la casona del siglo XIX que habitó Lezama, se estableció en 1897 el Museo Histórico Nacional, todavía en funcionamiento. Frente al parque se levanta la Iglesia Ortodoxa Rusa, reconocible por su estilo moscovita y sus cúpulas azules. En la esquina de Brasil y Defensa hay dos de los cafés más famosos de la ciudad: El Británico e Hipopótamo. Datos Extra Lugar: Entre las calles Defensa, Av. Brasil, Av. Paseo Colón y Av. Martín García. Cómo llegar: Colectivos: 4, 9, 10, 22, 24, 28, 29, 33, 39, 45, 46, 53, 61, 62, 64, 65, 70, 74, 86, 93, 129, 130, 143, 152, 159, 195. Ciudad: Buenos Aires Pais: Argentina Tangocity.com – Argentina
Caminito de la boca Caminito de calles empedradas donde el tiempo no pasa . Caminito que el tiempo ha borrado que juntos un día nos viste pasar, he venido por última vez, he venido a contarte mi mal. ..
Cancha de Boca: La Bombonera Dirección: Brandsen 805, Barrio de La Boca, Ciudad de Buenos Aires Información del Estadio El estadio se inauguró oficialmente el 25 de mayo de 1940 con un partido entre Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro. El director del proyecto de construcción fue el arquitecto esloveno – argentino Viktor Sulcic quien solía comparar la forma del estadio con una caja de bombones, originando así el sobrenombre de “Bombonera”. museo de boca Museo de Boca Juniors Museo y visita a la Cancha de Boca El Club Atlético Boca Juniors cuenta con un museo conocido como Museo de la Pasión Boquense. El museo funciona junto al estadio y en su interior se puede apreciar la historia deportiva del club por medio de fotografías, trofeos y copas, camisetas, estatuas y curiosidades.
Con mi hermana, Sol en el Barrio de La Boca
El Mercado de San Telmo . El barrio de San Telmo es uno de los más tradicionales y auténticos de Buenos Aires. Tiendas de antigüedades y locales donde se muestran las últimas tendencias en arte y moda. Los fines de semana y especialmente los domingos cuando el barrio se anima, las calles se llenan de puestos de artesanía, de tenderetes repletos de antigüedades y objetos de todo tipo y por todas partes se escuchan los sones de viejos tangos y el lamento sonoro de los bandoneones.

 

MIS VIAJES EN ARGENTINA 

2001 – 2010 

 

Mis viajes en Alemania

MUNICH – AUGSBURG

Escribo desde el KM. 0 de la capital de Baviera: la plaza Merienplatz de Munich, la ciudad de las iglesias, la más católica de todas las ciudades alemanas. He llegado sin dormir, sin móvil y sin fotos… Todas fotos mentales. Me hubiera encantado materializar el amanecer y los impactantes paisajes que he visto al cruzar hasta Alemania pasando por Austria. Lagos, montañas y pueblitos de película que a pesar de mi sueño no podía perdérmelos.
Las esperas entre trenes resultarían un tanto pesadas si no hubiera conocido a un nigeriano con el que hemos pasado horas jugando con el balón y si no dispusiera de un disco duro con partidos de rugby cortesía de la Hora Ovalada. Hoy ha sido el turno de una Santboiana contra Hermi Salvador.


Munich que significa “monje” en memoria de sus fundadores, es la tercera capital más grande de Alemania y donde se creó el nacional socialismo de la mano de un estudiante austríaco que tras dos intentos fallidos para ingresar en la Universidad de Bellas Artes decidió afiliarse al Partido Obrero Socialista. Un orador excepcional que fue condenado a prisión tras un fallido golpe de Estado el 8 y 9 de noviembre de 1923 en la famosa cervecería de esta ciudad: la “Bürgerbräukeller”. Adolf Hitler se llamaba. Fue arrestado y cumplió sólo nueve meses de los cinco años a los que había sido condenado en cuyo periodo escribió su famoso libro “Mi lucha”. Ojalá hubiera podido estudiar Bellas Artes y haber dejado de hacer otras cosas.
Las calles de Munich te estremecen al transportarte de forma inevitable al Holocausto y a pesar de los numerosos tributos a todos los caídos en el régimen de la dictadura, resulta imposible no imaginarte los disparos, secuestros y devastaciones producidas en esas calles. Al margen de la historia, hoy en día es una ciudad pintoresca, tranquila y muy segura. Dicen que es la ciudad alemana con más calidad de vida. He caminado sin interrupción durante 6 horas y la he observado desde la torre más alta tras 306 escalones. Desde las alturas se aprecian iglesias y relojes de las iglesias allí donde mires. BMW y Siemens AG tienen aquí su sede principal.
Ya al atardecer cogí otro trencito que me llevó a la ciudad de Augsburg, a 60 km. aproximadamente, una de las ciudades más antiguas de Alemania y fábrica de algunas firmas como motores diésel MAN, Siemens, DaimlerChrysler, o una gran productora de papel.

Con mi amigo Alex Patino

Allí tendría que seguir las instrucciones para llegar a la residencia donde vive el Patino, aunque a él no lo encontraría puesto que prefiere al futbol antes que a mí, pero sí encontraría con un grupo de españoles que con el mismo programa de formación y mucha ilusión empezaron una nueva vida en Alemania. Salí a descubrir ese rio que había visto a través de fotos en la que salía el Patino con su cervecita. Es una ciudad amplía y muy residencial. Tiene calles cucas en el centro y verde allí donde mires, como todo lugar en este país. Hay lagos que no pude conocer pero sí comprobar que ese río le hace ganar muchos puntos a esa ciudad y más con este calor también inesperado en esta parte de Europa.
Después de su entreno de fútbol en su nuevo equipo, pude disfrutar de una cena en su acogedora cocina donde conocí a algunos de sus compañeros de planta y le escuché hablando un defendible alemán. Al día siguiente tras su jornada laboral de 8 horas me hizo una pequeña ruta turística y pude comprobar que sí trabaja y que además ¡madruga mucho! Pero la siesta no se la quita nadie… ¡o casi nadie! La ruta acabó en la estación de Augsburg despidiéndonos con el líquido dorado entre manos que para estos bávaros es como agua. Así que tras un último ¡PROST! (chin chin) el tren empezó su camino de seis horas rumbo a la capital alemana.

Berlín (Agosto 2015)

Las expectativas sobre alguien o algo nunca son buenas. Pisé Berlín de noche sintiendo que esa ciudad me iba a cautivar, y aunque no es una ciudad que atraiga físicamente a primera vista, es una ciudad que lleva la belleza por dentro. Es calificada como ”pobre pero sexy” y la verdad es que me costó entenderla aunque tras cinco días en ella acabé seducida por su encanto en forma de desorden arquitectónico, carriles bicis respetados por los coches, barrios llenos de vida, olor a libertad pero sobre todo… por su historia.


Lo primero que vi fue la exuberante Alexander Platz, que tiene la torre de televisión más alta de la Unión Europa. Lo segundo fue un taxi que me llevaría a un pisito cerca del barrio judío donde me esperaba mi amigo Luis al que conocí en China, culpable de hacerme descubrir la preciosa tacita de plata en el Sur de España. Y también culpable de enseñarme Berlín, pues se había estudiado con detalle los barrios que visitar, los monumentos que descubrir y los secretos de la ciudad. ¡Y dos veces se tragó Españoles por el mundo en Berlín!


Él viajó desde la ciudad más antigua de Occidente a la probablemente ciudad más nueva de Europa. Podríamos decir que la vida de Berlín empezó hace apenas 25 años tras la caída de ese muro, maldito para algunos pero muy deseado para otros.
Para aquellos que no lo sepan, el muro fue creado para impedir el éxodo de los habitantes de Berlín del Este al Oeste con el fin de obtener unas mejores condiciones de vida. La capital fue dividida entre los ganadores de la II Guerra Mundial y por ello los soviéticos decidieron construir a las 4 de la mañana de un 13 de agosto de 1961 un muro que empezó siendo un alambre de púas y fue sustituido en los días siguientes por paneles de hormigón de 3,6 metros de altura y una longitud de 45 km en la que concierne a la ciudad de Berlín.


Por lo menos, 136 personas murieron al intentar saltar ese muro. 98 fueron abatidos a tiros o se suicidaron; 30 personas tanto del Este como del Oeste fueron tiroteadas o murieron de otra forma a pesar de que no tenían la intención de huir; 8 soldados fronterizos de la RDA fueron abatidos por desertores, camaradas, fugitivos. Murieron por lo menos 251 viajantes procedentes del Este al llevarse a cabo los controles en los pasos fronterizos de Berlín. Incontables son las personas que murieron de tristeza y desesperación por los efectos que tuvo para su vida la construcción del Muro.


25 días antes de mi nacimiento se produjo el hecho que cambió la historia para siempre. Se cumplió el sueño de la libertad. Un milagroso error en una rueda de prensa internacional por parte de Günter Schabowski hizo que se abriera el muro de forma inminente. Me hubiera encantado estar encima de ese muro y ver lo reencuentros entre parejas, amigos y familiares tras 28 años de separación.


El símbolo de la ciudad es la puerta de Branderburgo que durante la existencia del muro se encontraba en la llamada franja de la muerte (zona situada entre los muros exteriores). A unos metros de esa puerta se encontraba el Führerbunker de Hitler el cual tras tener conocimiento de que las fuerzas armadas debían liberar a Berlín al rendirse ante los soviéticos, ordenó llamar a un funcionario judicial para que oficializase su boda con Eva Braun, tras lo cual se suicidó junto a su ya mujer. Hoy no queda ni rastro de ese bunker, ni placa conmemorativa ni ramo de flores. Hay un parking de coches. Hitler nunca tuvo carnet de conducir.


Recuerdo que mi madre siempre me decía que Berlín me iba a encantar por la libertad que respira, el caos, lo alternativo… porque allí todo vale. Quizá con menos años me hubiera impactado más, pero creo que ya le estoy empezando a pillar el gusto a esto del orden… Pelos de todos los colores, gente de todo tipo, muchas sirenas de ambulancia, tatuajes en abundancia y gente desmayada por las calles. Es difícil resumir en pocas palabras todo lo que te ofrece la capital del arte, la cultura y la música donde se considera que hay más museos que días en el año de lluvia y donde hay aproximadamente 300 memoriales a las víctimas del Holocausto. Alemania necesita pedir perdón.
Quiero acabar con una frase que se encuentra en una de las plazas de Berlín, donde se encuentra situada la Universidad de Derecho de Humbolt y desde donde un 10 de mayo de 1933 los nazis tiraban libros por la ventana para ser quemados. Es del año 1821 y Heinrich Heine escribió “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”.


Me despedí con nostalgia de Luis en la estación central de Berlín, él marchaba para China y yo para Polonia. Mi ruta en tierra de nazis continúa. Y todavía sigo sin entender el porqué del mayor exterminio de la historia. Quizá en Auschwitz encuentre respuestas…