Argentina con papá y Candela

Día 44 de la vuelta al mundo. Buenos Aires (Argentina), 10 de septiembre de 2017.

Mientras Cataluña se moviliza en una histórica Huelga General contra las cargas policiales del pasado domingo, en el otro lado del Atlántico seguimos la huelga al ritmo del tango y enganchados a las redes sociales, periódicos digitales y canales argentinos para presenciar perplejos la historia de nuestro pueblo.

En momentos como estos desearías la puerta de Doraemon para vivir en directo ese sentimiento de independencia que no comparto pero que admiro. Un sentimiento que un gran amigo define como «incontrolado, irracional, inverosímil e ilimitado» y que me limito a intentar entenderlo.

En Catalunya estoy en alma pero no en cuerpo. Hace tres semanas que llegué a la tierra de mis padres. Siempre en calidad de embajadora de ellos, pero esta vez acompañada de mi hermana por unos días y de mi padre hasta el día de hoy, que en este momento sobrevuela el Océano Atlántico, seguramente intentando asimilar todo lo vivido en el país que no pisaba hace 28 años.

Días de emoción, de descubrimientos, de reencuentros. Días de comida y más comida. Días de nostalgia, de recuerdos, de batallitas de papá. Días de barrio, de visitas, días que alguna vez soñé compartir con mi padre y que se hicieron realidad en lugares como la Boca, San Telmo o Temperley.

Argentina y España, similares y a la vez tan diferentes. Me recuerda a dos hermanas que se ayudan mutuamente, en la guerra civil española, en el corralito argentino (2001) con situaciones inversas pero consecuencias similares. Buenos Aires atrapa como nuestra capital, pero es fácil desengancharse cuando la inseguridad que sus ciudadanos advierten continuamente quedan lejos de nuestras costumbres.

Sé que hay esperanza de que algún día la rabia e impotencia de ver una Argentina cara, insegura y deteriorada se convierta en la que algún día fue y que por momentos regresa al compartir un mate con los amables y hospitalarios argentinos, al perderse por sus barrios bohemios y llenos de historia, al sentir la magia del país que a pesar de todo, no decepciona a nadie.

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