7 días en Irlanda del Norte

Día 24 de la vuelta al mundo. Belfast (Irlanda del Norte), 21 de agosto de 2017.

7 días en Irlanda del Norte no han sido suficientes para entender el escenario de uno de los conflictos político-religiosos más importantes de esta época. Es importante matizar que es mucho más político que religioso como así lo han expresado taxistas, camareros o transeúntes de las calles de Belfast a las cuales les preguntaba sutil y no tan sutilmente si sentían “Irish or British” (50-50 me atrevería a decir). Los católicos que son mayoritariamente republicanos desean incorporarse a la República de Irlanda o dejar ser parte del Reino Unido de Gran Bretaña y los protestantes que son mayoritariamente unionistas defienden permanecer en el Reino Unido.

Resulta muy fácil identificar la ideología de muchos de sus habitantes por la cantidad de banderas que ondean en sus puertas o barrios, aunque más fácil resulta saber a qué “bando» pertenecen si sabes de qué lado del muro viven. Sí, un muro de 20 kilómetros de largo que mide a veces más de siete metros de alto. ¿Un campo de concentración? Lo parece por sus bloques de piedra y metal, alambres de espinos y cámaras de vigilancia.

Un muro que la gente sigue considerado NECESARIO y que interpreto como un mural mucho más mental que físico. Seguridad y protección a sus ciudadanos y casi la única atracción turística de la ciudad (seguida de museo del Titanic que abrió sus puertas en el 2012, y, que por cierto, no tiene ningún elemento original del barco) por sus murales que reflejan reivindicaciones, homenajes a personajes históricos, civiles muertos. «¿Por qué está ahí ese muro?» «Para que la gente del otro lado no nos haga daño». Me resulta inevitable pensar en los independentistas en Cataluña que al fin y al cabo les une lo mismo, ¿no? Un sentimiento de identidad, aunque con diferente reivindicación hasta la fecha.

Nunca había sentido llegar a una ciudad y pensar ¡qué fea eres! Pero siempre hay una primera vez… y eso sentí en Belfast. Cabe decir que llegamos en domingo, que estaba desierta y que el tiempo en estos lugares tampoco ayuda. No obstante, con el paso de las horas y los días, obstinada a no querer aceptar que la ciudad que construyó el Titanic fuera una simple ciudad encontramos la belleza en su gente y en unas pocas calles del barrio de la catedral, llena de pinturas que reflejan la cultura irlandesa y no británica y pubs con encanto como el Duke of York que merecen unas cuantas cervezas.

Sin embargo, la belleza llevaba aparejada odio y resentimiento protagonizado por sus propios grupos armados para atacar al otro cuyas acciones han dejan más de 3.500 muertos en 45 años como resultado de batallas, enfrentamientos, atentamos o ejecuciones extrajudiciales.

Por todo ello, no sé si decir que viajamos a otra parte de Irlanda ó a un país diferente, cuya gentil y amable población nos recibió para vivir la recta final de la Copa del Mundo de Rugby donde una luchadora Selección Española consiguió un décimo puesto. Muchos destacan que ha sido el peor resultado de nuestra historia rugbística pero deberíamos empezar por considerar un privilegio ser uno de los países que participan y que desafortunadamente en España, uno de los mejores deportes del mundo tiene poca visibilidad, poco apoyo institucional y no una larga trayectoria española. Todo llegará. Mientras tanto, no vamos en buen camino si las vacaciones de muchas jugadoras son las concentraciones con la selección y que nuestros países vecinos lo consideran una profesión.

Entre partido y partido viajamos a la famosa Calzada de los Gigantes donde tuvimos la osadía de acampar a escasos metros de los acantilados y seguramente poder dormir por primera y última vez en nuestras vidas en un lugar Patrimonio de la Humanidad y Reserva Natural Nacional. Es lo que tiene atreverse a dormir en una tienda de campaña en la fría y veraniega Irlanda/Reino Unido. En este lugar, te conviertes en una niña por momentos y crees que hace años existían gigantes que de tanto tirarse rocas se formó un campo de piedras sobre el mar como dice la leyenda.

Después visitamos el proceso de hacer whisky en la destilería más antigua del mundo, del año 1608 en la ciudad de Bushmills y finalizamos nuestra salida en Derry, una ciudad que huele a reivindicación y tiene huellas del famoso Bloody Sunday, cuya película del mismo título me ayudó a entender lo que pasó un famoso 30 de enero de 1972.

Acortamos nuestra salida para ir a Belfast a jugar un torneo internacional de rugby, nuestro cuerpo lo pedía a gritos así que nos unimos a un equipo de Barbarians y jugamos con y contra americanas, australianas, inglesas, francesas, galesas, neo zeolandesas….Jugadoras de rugby de todo el mundo que estábamos en esa misma ciudad por la misma razón.

Tras 25 días juntas me separé de mi súper compañera de viaje Jor MP, sin móvil porque lo rompí y quedándome tirada durante más de 5 horas en el puerto de Belfast porque perdí un ferry que me llevaría a otra nación del Reino poco Unido: Escocia.

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