10 días descubriendo la República de Irlanda

Día 23 de la vuelta al mundo. 20 de agosto de 2017, Adiós Dublín, Hola a Belfast (Irlanda del Norte).

Después de 10 días en la Isla Esmeralda (por sus campos, no sus aguas), el país de la Guinness que dicen que alimenta, de los tréboles de cuatro hojas que no he visto, los Leprechaun que me pregunto si existen, de un San Patricio nacido en Escocia y de ver rugby de todos los colores, viajamos rumbo a Irlanda del Norte, donde seguiré mi labor de voluntaria en este Mundial de Rugby Femenino.

Diferente país, pero misma isla, la cual presume de ser la tercera isla más grande en Europa y la vigésima más grande del mundo.

Hasta entonces nos quedaremos con la banda sonora de las calles de Irlanda compuesta por música celta allí donde te muevas, que te hace recordar lo mucho que hace falta en España a diario. Un país que supone una ruina para nuestros bolsillos por culpa de la multitud de pubs irlandeses y las cientos de cervezas que deseamos degustar y que intentamos compensar durmiendo en sofás ajenos gracias a Couchsurfing o en la tienda de campaña de Jor MP que plantamos en parques o campings.

 

Estar en Irlanda nos hace olvidar que estamos en verano. Resulta casi imposible no llevar una chaqueta, así que mis vestiditos resultan un tanto inútiles en mi mochila. No obstante, si no fuera por este clima lluvioso y frío no podríamos haber disfrutado de los imponentes acantilados de Moher, de los jardines del castillo de Kilkenny, de las montañas de Wicklow, del lago de Blessington, de la bella bahía en Galway, ciudad con una gran influencia española por sus transacciones comerciales en el siglo XVI o de un paisaje que respira paz y libertad de camino a Cork, la segunda ciudad más poblada del país, que en mi opinión carece de encanto al lado de la coqueta Dublín. Llegar a los citados lugares lleva aparejado tensión y concentración en la conducción dado que yendo por la izquierda da la sensación de un inminente choque a cada rato, pero… ¡superamos la prueba! 

Y como toda capital..hay algo más o mejor del mundo. Dublín presume de la escultura más alta del mundo, The Spire o monumento de La Luz con 120 metros de altura y su majestuoso Phoenix Park, uno de los parques urbanos más grandes de Europa donde tuvimos el placer de conocer a Bambi. Y cómo no… si lo tocas, ¡vuelves! En este caso, el pecho de la estatua Molly Malone, una bella pescadora que junto con su carro pregonaba: ¡Berberechos y mejillones vivitos!

Pero Dublín tiene mucho más, es una imán para las grandes empresas internaciones como Airbnb, Facebook, Apple, Google… que cuentan con impuesto de sociedades de 12,5 % como tasa estándar y cuyos ejecutivos se transforman en los bares de Temple Bar, el alma de la ciudad donde a mediados del siglo VIII, construyeron su primer asentamiento los vikingos.

Ahora toca empaparnos de la lluvia e historia del Reino Unido donde seguiremos descubriendo paisajes insólitos, nos adentraremos en la historia y construcción del barco más famoso de mundo, intentaremos comprender el conflicto de Irlanda del norte entre unionistas y republicanos irlandeses y viviremos los últimos partidos de este imprevisible mundial de rugby femenino. ¿Quién ganará?

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